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Nadal avasalla a Djokovic

Si Roger Federer congelaba el tiempo en el primer tercio de temporada con exhibiciones tenísticas de antaño, sobre arcilla es Rafa Nadal el que parece instalado en la máquina del tiempo, empeñado en demostrar cada día que el Rey de la tierra batida no tiene ninguna intención de abdicar por mucho que haya cola para sucederle. La última víctima del mallorquín ha sido Novak Djokovic (6-2 y 6-4), avasallado en las semifinales de Madrid por Nadal, que suma seis finales ya este año y buscará su tercer título tras el Godó y Montecarlo.

El español y el serbio escribieron el capítulo 50 de una rivalidad ya legendaria y el triunfo de Nadal igualó un poco más las fuerzas, aún favorables a Djokovic: 24-26. Pero el mallorquín había perdido en los últimos siete enfrentamientos ante Nole -tres sobre tierra-, al que no derrotaba desde la final de Roland Garros en 2014. La victoria en Madrid no solo corta esta mala racha, sino que es un aviso de cara precisamente a lo que se puede avecinar en París en un par de semanas.

El triunfo de Nadal le permite acercarse a Djokovic en sus duelos individuales: 24-26

 

Nadal saltó a la pista Manolo Santana de la Caja Mágica como un torbellino. Ganó los cuatro primeros juegos sin dejar respirar a Djokovic, al que se le veía muy incómodo sobre la arcilla madrileña. Rafa cambiaba la velocidad de sus golpes y volvía loco al serbio. Derechas profundas y rápidas se convertían en reveses cortados y cortos. Nole no sabía contrarrestar al mallorquín, que seguía en el modo demolición que había exhibido ante Goffin.

Djokovic sumó su primer juego con el 4-1, aunque lo hizo sudando de lo lindo tras un 40-0 que Nadal le igualaría. El serbio sufría mucho con su servicio y era incapaz de inquietar al de Manacor con el suyo. La mejora en el saque de Rafa es una de las claves de su extraordinaria temporada. El español cerraría el primer set con esclarecedor 6-2.

Las fuerzas parecieron igualarse en la segunda manga, al menos, sobre la tierra. En el marcador, Nadal volvió a comenzar fuerte y rompió el primer servicio del serbio, sumando los dos primeros juegos. Pero Djokovic estaba jugando mejor, moviendo mucho a Rafa y fallando mucho menos. A pesar del break, su servicio volvía a asustar, pero es que el mallorquín llegaba a bolas imposibles y se vestía de Harry Potter para conectar algunos passings de fantasía.  

El tenista de Belgrado recuperó rápidamente el break, aprovechando en el cuarto juego la primera bola de rotura de la que disponía en todo el partido para situar el 2-2. Su celebración, sacando el puño con rabia después de un espectacular revés ganador, evidenciaba que no se daba por vencido. Apoyado en su revés, Djokovic estaba descolgando del armario su mejor versión y la Caja Mágica se preparaba para disfrutar, ahora sí, de un espectáculo sin igual.

La batalla en la segunda manga fue preciosa, aflorando recuerdos de una rivalidad que dura ya diez años. Nadal volvía a tomar ventaja logrando un nuevo break en el quinto juego, respondiendo a lo grande a la reacción del serbio con una exhibición de sangre fría. Subía el nivel de su tenis el mallorquín, obligado por las circunstancias. Nivel inalcanzable para Djokovic y para nadie, visto lo visto desde que la tierra batida invadió la temporada.

No sin sufrir, Nadal cerró el set en el décimo juego con su servicio, inapelable durante casi todo el partido, y selló así su presencia en una nueva final de Masters 1.000 esta temporada. Su rival será el vencedor del duelo entre Thiem y Cuevas, aunque si sigue jugando a este nivel podrían saltar los dos a la pista y acabar hincando la rodilla.

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