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En Norcorea se está desarrollando en cámara lenta una ‘Crisis de los misiles de Cuba’

Todos los elementos de la crisis nuclear con Corea del Norte estuvieron claramente en exhibición el pasado fin de semana: la incansable motivación de Kim Jong-un de desarrollar un arsenal atómico, la propaganda y engaño que rodean su progreso, la insinuación de que hay una guerra encubierta por parte de Estados Unidos para debilitar esta iniciativa, en vez de ser forzados a una confrontación abierta.

Hubo un desfile en la plaza principal de Pyongyang con numerosos misiles montados en plataformas móviles, que tenían el propósito de dar la impresión de que el programa avanza a todo vapor. Y después llegó otro revés embarazoso cuando un misil de prueba estalló a los pocos segundos de su lanzamiento, siguiendo el mismo patrón visto en un número sorprendente de lanzamientos desde que el entonces presidente Barack Obama ordenó aumentar el número de ataques cibernéticos y electrónicos a principios del 2014. Y finalmente la prueba que no se ha realizado todavía, una sexta explosión nuclear. Todo está todo preparado y listo para esa prueba, según imágenes de satélite.  

Lo que estamos viendo, dice Robert Litwak, del Woodrow Wilson International Center for Scholars, es “una crisis como la de los misiles en Cuba pero en cámara lenta”. El asunto es que parece que la cámara lenta se está acelerando desde que el presidente Trump y sus asesores han dejado en claro que Estados Unidos no seguirá tolerando los avances graduales que acercan a Kim a sus metas.                        

El secretario de Estado, Rex Tillerson, ha dicho en repetidas ocasiones que “nuestra política de paciencia estratégica se ha acabado”, endureciendo la posición de Washington en momentos en que Kim avanza progresivamente hacia dos metas principales: reducir el tamaño de un arma nuclear para poder colocarla en un misil de largo alcance, y desarrollar una bomba de hidrógeno —que tiene mil veces más poder que las que ha construido hasta ahora, similar a la lanzada sobre Hiroshima.

Por su parte, durante una visita el lunes a la zona desmilitarizada que separa a las dos Corea, el vicepresidente Mike Pence, recomendó el lunes a Corea del Norte no poner a prueba la “determinación” de Trump frente a los programas balístico y nuclear de Pyongyang y advirtió que “todas las opciones están sobre la mesa”.

Y en las Naciones Unidas, Pyongyang acusó este lunes a Estados Unidos de estar empujando a la península coreana hacia la guerra y avisó de que está preparada para responder a cualquier acción militar de Washington.

Si Estados Unidos se atreve a optar por una acción militar, la República Popular Democrática de Corea está lista para reaccionar a cualquier tipo de guerra”, dijo el embajador adjunto del país ante la ONU, Kim In Ryong, en una conferencia de prensa en la sede de la organización mundial.

En esta atmósfera, aunque todas las analogías históricas son necesariamente imprecisas —para comenzar, el presidente John F. Kennedy enfrentó a los soviéticos y a Fidel Castro durante unos peligrosos 13 días en 1962, mientras que la raíz de la crisis coreana se remota a hace muchos años— hay un paralelo que se mantiene. Cuando las ambiciones nacionales, el ego personal y las armas nucleares se juntan, las oportunidades de que algo salga mal son muchas.

Hasta el momento, Trump ha actuado —el menos militarmente— con la misma cautela que sus predecesores: varias reuniones de altos funcionarios han llevado a la conclusión predecible de que aunque Estados Unidos puede adoptar una postura más agresiva, no debe llegar a confrontar a Corea del Norte tan de frente que pueda llevar a un conflicto militar, casi 64 años después que la Guerra de Corea llegó a su fin con un armisticio

Pero incluso así, el enfrentamiento de estos días ha subido de tono. La situación coloca frente a frente a un nuevo presidente estadounidense que ha prometido no permitir nunca que Corea del Norte esté en posición de atacar el país, contra un joven e inseguro líder norcoreano que considera la capacidad nuclear su única garantía de supervivencia.

Trump es claramente un neófito en este tipo de dinámica, como reconoció implícitamente cuando dijo que Xi Jinping, el presidente de China, le había impartido lo que parece ser un seminario sobre las relaciones entre Corea del Norte y China. Trump se sorprendió de que Pekín no tiene la clase de control absoluto sobre su empobrecido vecino en que el mandatario estadounidense insistió el año pasado.

“Después de escuchar durante 10 minutos, me di cuenta que no es tan fácil”, dijo Trump. “No es lo que uno piensa”.

El general H.R. McMaster, asesor de Seguridad Nacional de Trump, explicó el domingo las dificultades del complicado acto de equilibrio frente a Corea del Norte. McMaster, quien también es historiador militar, dijo en el programa “This Week”, de la cadena ABC, que aunque el presidente no había desechado ninguna opción, era hora de que Estados Unidos “tomara medidas, sin llegar a un conflicto armado, para evitar lo peor” para hacer frente a “este régimen impredecible”. Lo que quiso decir fue que los ataques preventivos no se contemplan, al menos por ahora.

El hecho de que Corea del Norte no realizó una prueba nuclear durante el fin de semana, cuando se cumplió un aniversario más del nacimiento de su abuelo, el fundador del país y su programa nuclear, puede indicar que el presidente Chino ha ejercido algún tipo de control. Según la Casa Blanca, el presidente chino responde a presiones de Trump para que reduzca la asistencia financiera y energética a Corea del Norte, elementos clave de la supervivencia del régimen.

 

  

 

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