Deportes Portada

Cristiano Ronaldo, 400 goles y todavía con apetito

Tres goles en el Vicente Calderón en el derbi de Liga, cinco en los cuartos de la Champions ante el Bayern de Múnich, tres en la ida de semifinal contra el Atlético. Los fogonazos de Cristiano Ronaldo iluminan a este Real Madrid de Zidane, que corre como un loco hacia el doblete nunca visto desde 1958. «Aún no hemos ganado nada», recuerda Zidane, tratando de tirar de la brida para controlar la euforia, lógica, que se desató en el Bernabéu. Cómo no. Goleada al vecino, el rival más incómodo que se encontró en la última década, un dolor de muelas, que hace un mes sacó un empate celebrado por Simeone como un título, por la trastada que suponía para la lucha blanca por la Liga. Victoria contundente ante adversario que dice nunca rendirse, que se empeña en buscar la gran copa de plata en los terrenos del rey de la competición. Y que amenaza con la remontada dentro de seis días.

«Sufriremos allí, seguro», vaticina, no sabemos si con la boca grande o pequeña, el prudente Zidane, con demasiadas cicatrices en el fútbol como para confiarse en el torneo más traidor que existe, esta Champions que pinta el 1-0 como un resultado estupendo y el 1-1 como un problema serio para el que empieza jugando en casa la eliminatoria. Para evitar sustos, aceleró el Madrid en la segunda parte. Por las torres del Bernabéu bajaba el personal cantando como nunca.

Con el mechero en la mano, con cara de pillo por haber encendido la traca, se movía por el verde la estrella portuguesa, uno de los mejores futbolistas de todos los tiempos y uno de los más discutidos. Tras meter ocho tantos en los últimos tres partidos de la Copa de Europa y presentar candidatura a su quinto Balón de Oro, seguro que todavía encuentra críticos de su fútbol, de su peinado y de su manera de celebrar los goles. En el clásico, Leo Messi enseñó la camiseta al estadio rival tras ganar tres puntos ligueros. Él, después de firmar un hat trick que puede valer el pase a la final de la Champions, no se desnudó, por si acaso. Lo que hizo fue, a la misma afición, en este caso la suya, rogarle aplausos en vez de pitos, todavía dolido con los últimos que escuchó la noche del Bayern. Ahí radica el misterio de Chamartín, capaz de protestar al tipo más decisivo que vistió su camiseta desde Alfredo di Stéfano. Escenario que a veces (muchas) se convierte en caja mágica, donde desaparecen equipos rivales como el conejo se esfuma bajo la chistera. «Sólo quiero que no me silben, yo lo voy a dar todo siempre», pedía el goleador al final, todavía en el césped y sin olvidar el las críticas que su finísimo oído detectó el día del Bayern, un runrún de impaciencia por los nervios de aquel partido que interpretó como reproche injusto hacia él. Tras su tercer gol, pidió con gestos a la grada lo mismo que luego al micrófono de Susana Guasch.

“Pediría tranquilidad”

Cerrado el pacto con la hinchada, le tocó saborear el triplete, repartiendo méritos a su alrededor. «El equipo ha estado fenomenal. Es una buena ventaja este resultado, pero no es definitivo. Tenemos que trabajar aún el próximo miércoles porque el Atlético es un gran equipo. No está en semifinales por casualidad», apuntó en la línea general del vestuario blanco, con alegría contenida. No hace tanto sufrieron un 4-0 en el Manzanares y camino de la Décima, en Dortmund, el 3-0 de la ida no impidió los temblores cuando los alemanes se pusieron dos goles por delante. El capitán ordenó temple. «Pediría tranquilidad porque en el fútbol se han dado muchas remontada, incluso este año. Hemos dado un buen paso, pero nos vamos a encontrar un escenario muy difícil. Vamos a ir al Calderón a intentar ganar y a estar en otra final», según Sergio Ramos.

«Podemos disfrutar de este resultado, pero hay que preparar bien lo que nos llega», señalaba ZZ tras una de las mejores funciones de su Madrid desde que se sentó en el banquillo. «No es nada fácil lo que hemos hecho. Tuvimos ocasiones, marcamos tres goles y mantuvimos la portería a cero. No sé si es mi mejor partido, pero sí que ha sido un gran partido», valoraba agotado por la tensión en la banda. De allí salió una de las fotos de la noche: su celebración a gritos y Simeone hundido, los dos en el mismo plano.

CR subrayó el trabajo de todos los futbolistas del Madrid. «Hay que felicitar al equipo. Ha estado tremendo. Me tocó a mí marcar los goles, pero el equipo jugó bien de principio a fin. Los goles vienen de forma natural y normal. También estoy feliz porque he marcado mi gol 400 con el Real Madrid», subrayó el delantero, unos kilos menos de músculo ahora y con las piernas más descansadas gracias a las órdenes de su entrenador, que le calificó como «único» antes de aplaudir al grupo, afinado en todas las línea, feroz en la defensa, por primera vez a cero en la Champions de esta temporada. «Estoy contento porque sale un jugador, entra otro y lo hacen todo fenomenal. Es impresionante», dedicó a sus hombres, orientados al doble asalto, Liga y Champions, que el sábado tiene en Granada otro episodio, obligada también la victoria. Tres y un empate necesitan para cantar el alirón. «Ha sido de esos partidos que sale todo bien. Impecable», resumió Ramos.

Comentarios

Comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

WordPress spam blocked by CleanTalk.